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TRASTORNO BIPOLAR

El Trastorno Bipolar es una enfermedad mental grave, recurrente y que se alarga durante toda la vida del paciente. Consiste en una alteración de los mecanismos que regulan el estado de ánimo, de forma que los habituales cambios de humor que experimenta cualquier persona, se acentúan hasta un punto que puede llegar a requerir su hospitalización. Aparecen fases de elevación patológica del humor e hiperactividad, seguida de otras fases depresivas con tristeza y melancolía, también agotadoras.

En las fases de manía aparece una disminución de la capacidad de dormir, el paciente duerme pocas horas y se levanta a primera hora de la madrugada con la cabeza llena de ideas y pletórico de energía. Está excesivamente alegre, sociable y hablador, pudiendo llegar hasta episodios de indiscreción imprudentes y conductas de humillación de las personas cercanas. Se implica excesivamente en proyectos hasta entonces indiferentes. Está acelerado, sus conductas son desordenadas, muestra un mayor impulso sexual, realiza gastos descontrolados en regalos. Muchas veces se muestra impaciente, irritable e incluso agresivo. En los episodios más graves no son extrañas las ideas delirantes y las alucinaciones.

En las fases depresivas la tristeza es extrema, la pérdida de interés es total, sin apenas energía, permaneciendo la mayor parte del tiempo tirado en la cama o el sofá. El paciente se siente abatido, desesperado sin ninguna ilusión ni proyecto, barajando bastante a menudo la idea de su desaparición como salida final a toda su desolación.

Puede afectar a más de un 1% de la población general, sin diferencias entre los sexos. Puede iniciarse a cualquier edad, aunque el pico de mayor frecuencia está entre los 15-25 años. Uno de sus principales problemas asociados es el retraso en su diagnóstico que puede extenderse más allá de diez años con las consecuencias de malestar intenso y limitación funcional asociadas. Entre las complicaciones graves que le suelen acompañar podemos citar: las tentativas autolíticas, el consumo de drogas y una amplia y severa gama de problemas intensos a nivel familiar, laboral y social.

En los puntos álgidos de sus ciclos suele ser necesaria una hospitalización temporal, para contención y reajuste farmacológico.

Como factores asociados o desencadenantes de su aparición podemos citar: factores genético-familiares (claro incremento en personas que tienen familiares que han padecido la enfermedad), factores biológicos (alteraciones en neurotransmisores, hormonas, neuromoduladores, iones, etc.) y factores ambientales diversos como precipitantes de las crisis.

Su tratamiento se fundamenta en dos tipos de actuaciones: farmacológica de las fases agudas tanto maníacas como depresivas, asi como un tratamiento de base con estabilizadores del estado de ánimo; la segunda actuación tanto o más importante es la psicoeducativa, convencer al paciente de la imperiosa necesidad de un tratamiento y controles continuados, así como  adaptar toda su vida a las características especiales de su cerebro. Si se cumplen estos dos requisitos su vida puede desarrollarse con casi total normalidad.