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ANOREXIA Y BULIMIA NERVIOSA

En una sociedad sometida a un bombardeo permanente sobre el culto al cuerpo, como herramienta primordial para el triunfo emocional, laboral o social, no es nada extraño que esta falsa identificación dé lugar a la aparición de un grupo de enfermedades psíquicas graves y cada vez más prevalentes, como son los Trastornos de la Conducta Alimentaria.
La Anorexia nerviosa se inicia de forma muy sutil en jóvenes entre los 12-18 años en forma de preocupación excesiva por engordar (a pesar de que su peso sea normal o más habitualmente por debajo de lo deseable), pasando a continuación a un deseo intenso de pesar cada vez menos y una grave alteración de la imagen corporal (se ven mucho más grandes de lo que realmente están). La comida y el peso se convierten en la obsesión de su existencia y utilizan la restricción alimentaria, el ejercicio físico o el consumo de fármacos (diuréticos, laxantes) para perder peso de forma rápida y contundente.
Las manifestaciones típicas de la anorexia son: bajo peso, miedo intenso a volverse obeso; creencia distorsionada sobre el peso, tamaño o forma de su cuerpo; actividad física excesiva; preocupación enfermiza por la composición y preparación de los alimentos, y alteración o ausencia de ciclos menstruales en las mujeres. Físicamente aparece: cansancio, mareo, dolor de cabeza, poca energía, piel seca y amarillenta, estreñimiento, deshidratación, intolerancia al frío, orinar con mucha frecuencia y necesidad de beber mucho. En fases avanzadas encontraremos anemia, hipotensión, arritmias, anomalías gastrointestinales, renales y hormonales y una preocupante alteración ósea con una disminución del tejido óseo y del calcio.
Diferentes signos deben ponernos en alerta y pensar en la posibilidad de inicio de una anorexia: evitar las comidas en compañía, desaparición fulminante después de comer, partir en pequeños trozos los alimentos y distribuirlos por el plato, preocupación por el contenido de lo que comen, aislamiento social progresivo, ejercicio físico hiperactivo, evitar ponerse ropa ajustada y mostrar partes de su cuerpo, irregularidades en la menstruación o la toma de diuréticos y laxantes.
La Bulimia nerviosa se caracteriza por episodios repetidos de ingesta excesiva de alimentos y por una posterior preocupación exagerada por el control del peso corporal, lo que lleva al enfermo a adoptar medidas para mitigar el incremento de peso, tales como vómitos, abuso de laxantes y diuréticos, pastillas para adelgazar o dieta restrictiva intermitente. Se suelen combinar períodos de restricción de alimentos con episodios de atracones o comer descontroladamente de día o de noche, cualquier tipo de producto del que dispongan en casa.
Deberemos sospecharlo si aparecen signos como: cambios importantes de peso en poco tiempo, erosión del esmalte dental, hipertrofia de las glándulas salivales (por el esfuerzo del vómito), callos en las manos por la huella dentaria  al introducir los dedos para provocar el vómito, o pequeñas roturas vasculares bajo los ojos. También aparecen conductas peculiares como: nerviosismo a la hora de las comidas, desaparición de la comida de la despensa o la nevera y encontrarla escondida en la habitación, o ir al baño justo después de comer.
En IINA ofrecemos un tratamiento multidisciplinar y reglado según la gravedad y el estado evolutivo de los trastornos, y que en los casos graves hará necesario el ingreso en nuestro centro y un seguimiento posterior ambulatorio continuado. Se aplicará una reeducación de los hábitos alimentarios, un tratamiento de las complicaciones médicas y los trastornos psiquiátricos asociados (depresión, ansiedad, trastorno obsesivo, abuso de sustancias) y un tratamiento psicológico individualizado. De especial importancia es la terapia familiar, ya que por un lado sirve para cambiar el comportamiento de los padres que han entrado también en el círculo vicioso de la paciente, y también porque ofrece la oportunidad de intercambiar puntos de vista y experiencias, contrastar estrategias y su eficacia, disminuye los sentimientos de aislamiento y culpabilidad y permite un mejor abordaje del trastorno.